En el actual escenario de la Cuarta Revolución Industrial, la alfabetización tecnológica ha trascendido el manejo básico de herramientas ofimáticas para exigir una comprensión profunda de la Inteligencia Artificial, el análisis de grandes volúmenes de datos y la automatización de procesos. Las organizaciones contemporáneas operan en entornos de alta incertidumbre donde la eficiencia operativa y la capacidad de anticipación son los principales diferenciadores de competitividad. Por tanto, la integración de estas tecnologías emergentes en los flujos de trabajo ya no constituye una ventaja opcional, sino un imperativo estratégico para garantizar la sostenibilidad de los negocios, cerrar brechas de productividad y responder con agilidad a un mercado globalizado que penaliza la obsolescencia y la gestión manual de tareas de bajo valor.